Hoy entré en un centro de secundaria y vi a grupos de adolescentes charlando en los pasillos, haciéndose bromas, contándose alguna batallita … y rápido pensé en ti y lo que llevamos construido gracias a tu forma de percibir la vida, gracias a esa sonrisa que no le niegas a nadie, incluso a esos que alguna vez no han creído en tu capacidad de transformar y humanizar.

Pensaba en tu valentía, en lo difícil que es transitar por el mundo sin encajar en ningún molde y a la vez agradecía a todas esas personas que han apostado por romperlos cuando has aparecido en sus vidas.

Pensaba como un adolescente estándar puede tener un mal día, una mala racha y todo el mundo piensa que es cuestión de tiempo, que se le pasará, pero en como esto cambia cuando hablamos de una persona nombrada por la discapacidad, enseguida se hace patológico, medicable, por si va a peor.

Como sigue habiendo pocas oportunidades de desarrollo vital, espacios de ocio seguros, contextos amables que generen confianza, formación más allá de la etapa obligatoria que se adapte a los perfiles diversos.

Sigo admirando cada día esa capacidad tuya de generar fascinación y pensando que, como hasta ahora, no son los grandes cambios los que nos han abierto más puertas sino los pasos pequeñitos, firmes, constantes que se mueven al son de los latidos de tu corazón.