Ayer revisando la mochila de Héctor encontré un papelillo arrugado, al abrirlo había algo escrito a lápiz:

“Héctor, te reto a que pintes este Sonic y después si quieres me lo enseñes.”

Daniela.

Al darle la vuelta apareció la silueta de Sonic (mascota oficial de Sega, que es protagonista del videojuego que lleva su nombre) hecha a lápiz, como para colorear.

No sabía explicar la emoción que recorrió mi cuerpo en ese momento, no es la primera vez que Daniela deja notitas o dibujos sorpresa en la mochila de Héctor, así que fui rápido a compartirlo con él para que se pusiera manos a la obra.

Dedicó un rato de la tarde a buscar el personaje en la Tablet para poder utilizar los colores correctos, su padre lo acompañaba paciente, sin apurarlo, respetando sus tiempos, sin hacerlo por él, solo moldeaba la actividad con su compañía para que fuera un momento de disfrute conjunto.

El resultado se puede ver en la imagen que acompaño y también el sobre que le preparamos a Daniela.

Pero todo episodio tiene una lectura más amplia, bajo mi punto de vista, que hoy quisiera compartirla con vosotros.

Su compañera Daniela deposita en su mochila una nota y yo, casi de una manera casual, la descubro, lo que genera esa respuesta de Héctor para su amiga. Sin ese primer apoyo Héctor no hubiera podido hacer el reto de Daniela porque él no me lo puede contar, no se le hubiera ocurrido y aunque descubriese la notita de Daniela no lo habría interpretado de esta forma.

Héctor tiene una manera muy particular de codificar la información, de recibirla y de procesarla y necesita ayuda para gestionarla como nosotros estamos acostumbrados, no es que no pueda es que necesita ese apoyo casi constantemente.

Si no hubiera tenido ese apoyo inicial no hubiera respondido a su compañera y ella podría pensar que no le interesa o que pasa de todo, pero eso no es verdad como podéis comprobar por el resultado.

Puede que Héctor necesite ayuda a diario para casi todo, más que nada porque el mundo y la sociedad en la que vive no se diseñó pensando en él y en personas que funcionan y procesan de una manera diferente, pero esto no hace que mermen sus derechos, al contrario, para poder ejercerlos plenamente debemos proporcionarle esos apoyos, es nuestro deber y como tal debemos asumir nuestro compromiso a todos los niveles.

Por otra parte quiero elogiar la grandeza del compañerismo y amistad incondicional de Daniela porque aun sabiendo que pudiera ocurrir precisamente eso, la no respuesta por su parte, no ha dejado de intentarlo y no es la primera vez.

Estoy segura de que Héctor aporta a sus compañeros muchísimas cosas a mí se me escapan, porque como madre hay cosas que no me corresponden. De la misma forma que ellos le aportan a él tantas otras que yo nunca le podría dar, porque la amistad entre iguales es otro nivel, un nivel de enriquecimiento bidireccional y que es necesario en todos los seres humanos.