

Esta semana leía en el Emocionario (Palabras Aladas) de Martín (y con él) la incomprensión y la definen así:

De soñar y soñé tantas veces con que, sin mediar, os entendierais...

En las primeras reuniones que se hacen de aula, al comienzo de un nuevo curso, siempre salgo con la misma sensación de abatimiento general, tal vez porque son reuniones donde es evidente que somos o funcionamos muy diferente al resto (no menos, no....pero si diferente) y entonces solamente pienso en cuántas cosas nos podemos perder si no hacemos un esfuerzo entre todos...

La linea de la tiza es es el título de una historia que surgió este verano tras una anécdota en una sesión de terapia.

Hace algún tiempo compartía en mi muro de facebook una idea con este mismo título, esa idea consistía en darle una alternativa a Sr. Disney para hacer de su sirenita un cuento mucho más inclusivo y diverso.

Una de las cosas que peor llevo en Héctor son sus obsesiones, constantes e insistentes...muchas veces algo que empieza como un simple juego, porque nos hace gracia “puntualmente”, puede llegar a convertirse en un círculo vicioso y ser un verdadero atentado para la paciencia de cualquiera, llegando a perder, en ocasiones, el control sobre nosotros mismos.

Hay un pequeño fragmento de un texto de Galeano que dice así:

Ahora que se acaba el curso, hago un repaso mental de lo que ha supuesto este primer año en el cole para Héctor y solo puedo sacar conclusiones positivas, este curso ha supuesto un gran avance para él y ha sido enriquecedor para sus compañeros.

Imagino que cuando nació Martín cayó una enorme tormenta de bolas mágicas y cuando llegó Héctor al mundo un gen especial se situó en su cadena de ADN, lo he llamado el gen disney y probablemente lo haya heredado por parte de madre. Este gen lo ha dotado de una habilidad especial por la que es capaz de hacer llegar sus mensajes a pesar de su falta de lenguaje oral.

(Buenas prácticas en inclusión o lo que es lo mismo…querer es poder)

Un día, hablando con una amiga se me ocurrió la idea llevar a Héctor a Moaña en barco. Sabía que él con “a-gua” en movimiento disfrutaría un montón y por otra parte también podía servir de experiencia y aprendizaje para ambos.